La onicofagia es un mal hábito, de origen psicológico, que nos lleva compulsivamente a mordisquearse  las uñas y la piel que les rodea. Estos episodios se presentan ante una situación de ansiedad, estrés o nerviosismo.

Es un impulso que difícilmente se puede controlar, ya que la mayoría de las veces se realiza de manera inconsciente.

La Sociedad Española para el Estudio del Estrés y la Ansiedad recomienda realizar técnicas de respiración o de yoga para liberar las tensiones y disminuir poco a poco este vicio.

Esta conducta patológica puede afectar seriamente la salud bucal, de la siguiente manera:

  • Ocasiona daños en los labios y encías.
  • Infecciones en la boca: las uñas son una fuente importante de gérmenes y bacterias. Así como los mismos se transmiten desde la boca a las uñas, también puede ocurrir lo mismo en el sentido inverso.
  • Desgasta prematuramente los incisivos centrales superiores.
  • Estropea el esmalte.
  • Produce infecciones bacterianas y virales en los labios y mucosa oral.
  • Deformación de la arcada:se produce por el movimiento repetitivo al comerse las uñas.
  • Daños en el material de las restauraciones: si tienes arreglos de porcelana o carillas de composite en alguno de los dientes, estos pueden estar en riesgo al comerte las uñas, debido a que gradualmente las restauraciones se van aflojando.

Para contrarrestar este hábito,  es recomendable acudir al psicólogo para poder trabajar el problema emocional que sufra el paciente, y por supuesto visitar al dentista para trabajar en conjunto en el  control de la conducta y en la rehabilitación de las piezas dentales afectadas  por esta patología.

Es importante saber que estas consecuencias ocurren cuando el hábito de comerse las uñas es extremo. No permitas que este vicio deteriore tu salud bucal y toma las precauciones necesarias para tratar el problema emocional que origina este impulso incontrolable.